jueves, 19 de abril de 2018

DESENCANTO Y DESILUSIÓN

Sinceramente, creo que este país que tenemos no es el país que nos merecemos. Tenemos unos dirigentes que desarrollan políticas mezquinas para el pueblo humilde, un Estado que no facilita ni mejora la vida del ciudadano, sino que cada día lo ahoga y asfixia mas en términos de control social e impuestos, penalizándolo mas aún si cabe  con menos protección social, peor sanidad y peor educación. Unos políticos embarrados en el lodazal de la corrupción, la inmoralidad publica y el mangoneo constante de nuestras instituciones públicas, donde una mayoría sufre penurias, mientras una élite privilegiada nada en la abundancia. Y la gran paradoja es que mientras mayor es el crecimiento económico en el país, mayor es la pobreza y el numero de pobres. Pero la consecuencia mas grave de esta desidia en las políticas de mejoras, supone un retroceso en el bienestar y progreso social de las clases mas humildes que repercute directamente en la juventud, esa juventud que se desmotiva y desencanta, cuando no ve futuro alguno aunque se esfuerce y cuya pobreza les va empujando poco a poco a la marginalidad, la exclusión social, y quien sabe si también al delito. Votamos a nuestros dirigentes con la esperanza de que cambien y transformen el sistema y el país, pero pronto caemos en el desaliento al contemplar como aquellos políticos que debieran estar al servicio del ciudadano, se preocupan mas de sus intereses, de sus cargos y poltronas, que de los problemas de los ciudadanos. Y resignados aceptamos nuestra mísera condición, en la confianza de que algún día lleguen políticos que hagan que tengamos el país que merecemos. Desencanto y desilusión ante nuestras esperanzas difuminadas, nuestros sueños rotos. Pobre España.

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